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Descubre Irán: Magnífico caravasar de Qazvin que revive siglos de historia y cultura

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  • hace 5 horas
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El caravasar de Sa'd al-Saltaneh, joya de la arquitectura Qajar y Patrimonio Mundial, revive en Qazvin como testimonio de siglos de comercio, cultura e identidad iraní.


Por Ivan Kesic


El caravasar de Sa'd al-Saltaneh es el mayor y más completo caravasar urbano de Irán, con una superficie total de 2,6 hectáreas, y está considerado una de las últimas obras maestras de la arquitectura iraní de la era Qajar.


Su diseño constituye una extraordinaria muestra de planificación urbana: una auténtica “ciudad dentro de una ciudad”, en la que bazares interconectados, baños, una mezquita y establos para camellos se organizaban en torno a grandes patios bajo un mismo techo, para funcionar como un importante centro comercial dentro de la red regional de intercambio.


Tras quedar abandonado en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, el complejo fue adquirido por la Organización del Patrimonio Cultural de Irán en 1999 y sometido a una extensa restauración. Hoy es un dinámico centro cultural y destino turístico que alberga tiendas de artesanía, museos, galerías de arte y restaurantes tradicionales.


En el corazón de Qazvin, donde los ecos de las antiguas caravanas parecen aún resonar por los corredores históricos, se alza el caravasar de Sa'd al-Saltaneh, el mayor y más completo caravasar urbano de Irán.


Obra maestra de la arquitectura de la era Qajar, fue reconocido por la UNESCO en 2023 como parte de la candidatura en serie “El caravasar persa”, una colección que celebra 2500 años de tradición arquitectónica ininterrumpida.


Con una extensión de 2,6 hectáreas en el centro histórico de Qazvin, el caravasar de Sa'd al-Saltaneh es un amplio conjunto de edificios interconectados que representa la culminación de la arquitectura iraní de caravasares. También está considerado uno de los complejos comerciales más importantes jamás construidos en Irán.


Construido entre 1892 y 1894 bajo el patrocinio de Baqer Khan Sa'd al-Saltaneh, entonces gobernador de Qazvin, el magnífico complejo fue concebido como un importante centro de comercio e intercambio a lo largo de las rutas comerciales de la región durante los últimos años de la época dorada de los caravasares.


El complejo comprende al menos seis caravasares y sarays, conectados de forma armoniosa mediante bazares abovedados y complementados con baños, mansiones, un Shotorjan, tiendas y otras estructuras auxiliares. En conjunto, estos elementos formaban un centro autosuficiente para el comercio, el alojamiento y el intercambio social.


Su ubicación en el lugar que una vez ocupó un jardín real safávida pone aún más de relieve la continuidad del patrimonio arquitectónico de Irán y refleja una larga tradición en la que las sucesivas dinastías construyeron sobre el legado arquitectónico de sus predecesoras, lo adaptaron y lo transformaron.


La inscripción del complejo en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2023, junto con otros 53 caravasares iraníes, reconoció no solo su excepcional importancia arquitectónica e histórica, sino también la influencia más amplia de la arquitectura iraní de caravasares a la hora de facilitar el intercambio cultural y económico entre continentes durante más de dos milenios.

Contexto histórico: Qazvin, en la encrucijada de los imperios


La construcción del caravasar de Sa'd al-Saltaneh no fue un ejercicio arbitrario de vanidad arquitectónica, sino una respuesta a las realidades geopolíticas y comerciales del Irán de finales del siglo XIX.


Estratégicamente situada entre Teherán y el mar Caspio, Qazvin había sido durante mucho tiempo una escala vital en las rutas comerciales que conectaban el golfo Pérsico con el Cáucaso y Europa.


Durante el periodo Qajar, la ciudad experimentó un renovado dinamismo comercial a medida que se expandía el comercio con Rusia. Las mercancías importadas que llegaban desde el norte pasaban por Qazvin antes de ser distribuidas por la meseta iraní, lo que reforzó aún más el papel de la ciudad como centro comercial regional.


Fue en este contexto cuando Baqer Khan Sa'd al-Saltaneh, inicialmente designado para supervisar la construcción de la carretera entre Teherán y Qazvin y posteriormente gobernador de la provincia, concibió un ambicioso plan para transformar Qazvin en un importante centro regional de comercio e intercambio.


El lugar que eligió para esta monumental empresa había sido anteriormente un jardín real safávida, lo que confería al nuevo complejo una dimensión adicional de relevancia histórica. La elección también obedecía a razones profundamente estratégicas: situado en la intersección de la red de bazares ya establecida en la ciudad y sus principales vías de comunicación, el emplazamiento reflejaba los sofisticados principios de planificación urbana que habían configurado las ciudades iraníes durante siglos.


El complejo ocupaba una posición estratégica entre los palacios safávidas y el Gran Bazar de la ciudad, creando un vínculo fluido entre las esferas política, comercial y social del Qazvin de la era Qajar.


Según la inscripción conservada bajo la cúpula principal del complejo, las obras comenzaron en el año 1310 de la Hégira y concluyeron en 1312. El plazo extraordinariamente breve para una obra de semejante envergadura da cuenta de la eficiencia, la organización y la maestría de quienes participaron en su construcción.


El proyecto reunió a cuatro arquitectos, dos procedentes de Isfahán y dos de Qazvin, cuya colaboración reflejó la interacción entre las tradiciones arquitectónicas regionales que caracterizaba las prácticas constructivas iraníes durante aquel periodo.

Arquitectura del caravasar principal


En el corazón del complejo se encuentra el propio caravasar de Sa'd al-Saltaneh, una amplia estructura de cuatro iwánes que ocupa aproximadamente 8500 metros cuadrados en el sector norte del conjunto.


El edificio está organizado en tres secciones principales dispuestas alrededor de un patio central de 3200 metros cuadrados. El patio está rodeado por cuatro hileras de estancias, con un total de 34 habitaciones.


Esta disposición sigue el diseño clásico de los caravasares iraníes, en el que un amplio patio central proporciona luz, ventilación y un espacio común de reunión para los viajeros, mientras que las estancias circundantes sirven como espacios de alojamiento y almacenamiento.


El diseño de cuatro iwánes, definido por monumentales espacios abovedados que se abren hacia el patio, crea un espectacular juego de luces y sombras, una característica distintiva de la arquitectura iraní desde el periodo selyúcida.


El complejo se distingue por una imponente silueta de cúpulas de ladrillo, elaborados trabajos de azulejería y fachadas de ladrillo profusamente ornamentadas, todo ello ejecutado con una notable maestría. Los arquitectos Qajar demostraron un dominio excepcional del ladrillo, transformando un material de construcción aparentemente humilde en un medio de extraordinaria expresión arquitectónica.


En todo el complejo, la mirada se encuentra con lo que podría considerarse un museo de arcos y bóvedas, así como con una sofisticada combinación de espacios abiertos y cerrados, donde el ladrillo desempeña simultáneamente la función de principal material estructural y decorativo.


La extraordinaria variedad de formas de arcos —desde los omnipresentes arcos de medio punto hasta las bóvedas nervadas más elaboradas— revela la sofisticación técnica y la ambición creativa de los constructores. En muchas estructuras de la época, los arquitectos parecen haber estado decididos a mostrar el potencial expresivo de la construcción con ladrillo, experimentando con arcos y bóvedas cada vez más complejos y llevando el material hacia nuevas posibilidades arquitectónicas.


El caravasar cuenta con cuatro entradas, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, cada una de las cuales cumple una función específica y conecta el complejo con distintas partes de la ciudad.


La entrada norte se abre directamente a la calle; la entrada oeste conduce al patio de Negar al-Saltaneh; la entrada este conecta con el patio de Sa'diyeh; y la entrada sur da acceso al Qeysariyeh y al Bazar.


Esta accesibilidad multidireccional refleja el papel del caravasar como un nodo integrado en el tejido urbano. El complejo acogía a viajeros, comerciantes y visitantes procedentes de distintas partes de la ciudad, al tiempo que preservaba una transición cuidadosamente controlada hacia sus espacios interiores.

Edificios auxiliares: una ciudad dentro de una ciudad


Al oeste del patio principal se encuentra la mansión de Negar al-Saltaneh, un edificio semiprivado que rodea un patio de 220 metros cuadrados. Al parecer, originalmente servía como estructura auxiliar del caravasar principal.


En la sección sur del patio se encontraba antiguamente un Shotorjan, o establo para camellos, que posteriormente fue convertido en almacén de mercancías. Un corredor completamente cubierto conecta el edificio, desde el lado occidental del patio, con el Bazar Vazir, lo que refleja la cuidadosa atención prestada a la circulación y la conectividad, características que definen al conjunto en su totalidad.


La mansión presenta una escala arquitectónica más íntima, con un patio más pequeño y un menor número de estancias que ofrecían un entorno más reservado para los administradores del caravasar o los huéspedes distinguidos.


En el lado oriental del caravasar principal, conectado con este mediante un corredor que parte del iwán oriental, se encuentra el Saray Sa'diyeh. Con una superficie aproximada de 3500 metros cuadrados, este edificio auxiliar cuenta con 36 estancias dispuestas alrededor de un patio de 560 metros cuadrados.


Al saray se accede a través de un gran corredor de entrada situado en la esquina oriental del patio, compuesto por tres espacios abovedados conocidos como hashti. Frente a las estancias, unos iwanches ricamente decorados —pequeños iwánes— aportan una dimensión adicional de refinamiento arquitectónico al patio, creando un juego rítmico de luces y sombras que realza la experiencia del espacio.


Una de las características más notables del Saray Sa'diyeh permanece oculta bajo las estancias de su lado sur: un hammam, o baño tradicional, al que solo se puede acceder a través de un corredor de 36 metros de longitud que discurre por debajo del patio.


Este ingenioso aprovechamiento del espacio oculto, en el que el baño permanece completamente fuera de la vista y solo puede alcanzarse mediante un discreto pasadizo, constituye una extraordinaria muestra de planificación espacial y es una característica particularmente distintiva entre los caravasares iraníes.


Con una superficie aproximada de 260 metros cuadrados, el hammam está decorado con azulejos y estuco y contiene todos los espacios principales de un baño tradicional iraní. Su diseño demuestra que incluso las funciones más utilitarias del complejo fueron ejecutadas con la misma meticulosa atención a la artesanía y al detalle arquitectónico que caracteriza a sus espacios públicos más destacados.



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